Por más que pretenda ser creativo en mis reflexiones, no descubro nada nuevo si comienzo a dar detalles sobre la complicada coyuntura en la que se encuentra Andalucía y en lo que a empleo se refiere. Si ahondo en dramáticas situaciones en las que se encuentra la ciudadanía que no tiene un empleo, por desgracia, tampoco aporto nada nuevo. Por ello, me apetece centrar estas líneas en la situación del personal técnico de orientación que presta servicios a las personas desempleadas todos los días.
La profesión pasa por momentos delicados:
El volumen de demanda de los servicios de orientación hace que el trabajo técnico no pueda desarrollarse en las mejores condiciones; diariamente estamos expuestos y expuestas a situaciones cada vez mas dramáticas; de forma cotidiana intentamos intervenir sobre convicciones relacionadas con la búsqueda de empleo basadas en el victimismo y en la atribución externa de la consecución de resultados; constantemente, intentamos reelaborar proyectos profesionales que carecen de realismo por los objetivos que pretenden alcanzarse con ellos y la probabilidad contextual de los mismos.
Por otra parte el panorama institucional de las políticas activas de empleo está cuanto menos agitado. En lo que llevamos de año han cambiado más aspectos de la normativa básica relacionada con empleo de los que puedo anotar en mi lista de “normativa por estudiar”. Ha cambiado el sistema de acceso a los cursos de FPE y formalmente no se ha comunicado al personal técnico de orientación los nuevos procedimientos. Lo que es peor, recibimos informaciones contradictorias al respecto. La Agencia de Régimen especial, los/as promotores/as de empleo, el plan PREPARA, el plan MOTIVA, el 2012,………, cambios, cambios y mas cambios. Incertidumbre, incertidumbre y más incertidumbre.
En otro orden de cosas, estas las condiciones laborales en las que se prestan los servicios de orientación. En este tema casi prefiero no entrar. Me adelanto contando que me gustaría transmitir con este artículo ilusión y esperanza (se que por el inicio no lo parece, pero pido un voto de confianza). Si entro a debatir sobre condiciones laborales, me cuesta mantener la actitud.
No puedo olvidar por supuesto, hablar del alto nivel de autoexigencia que suele ser denominador común de las personas que nos dedicamos a la orientación. “Tengo que generar nuevo contenidos para las sesiones grupales”, “tengo que gestionar mi marca personal en las redes sociales”, “debo mejorar mis herramientas de intervención”, “tengo que automotivarme” “Twitter” “Facebook”; entiéndanse estas verbalizaciones como ejemplos del material que solemos utilizar para autoflagelarnos.
Con este panorama, mantener la ilusión, el optimismo, el buen hacer, y la pasión por esta profesión es, en ocasiones, complicado. Personalmente, tengo que reconocer que este escenario en el que todos los días tengo que desenvolverme, me esta haciendo mella.
Cuando caigo en la cuenta de lo que me ocurre, intento desesperadamente recuperar mi motivación. Puesto que lo mío con la orientación fue amor a primera vista allá por tercero de la facultad, y desembocó en una relación de pareja que dura mas de diez años, no podía quedarme sin hacer nada. Para ello, decido llevarle la contraria a mi cuñada cuando dice “para atrás ni para tomar impulso” y comienzo a pensar: “¿Cómo eran las cosas cuando empecé a trabajar como orientador hace diez años?”. Trascribo algunas de mis reflexiones:
- Recuerdo como las personas llegaban a los servicios de orientación citadas desde las oficinas de empleo. Una carta cuanto menos amenazante le obligaba a personarse en un lugar sin dar ninguna indicación del servicio que iban a recibir. Recuerdo con una sonrisa como mi compañero-coordinador me dejaba atender a las personas que acudían con una actitud poco dialogante aludiendo a mi capacidad para calmar y mediar.
- Recuerdo que compartíamos tres ordenadores doce personas.
- Recuerdo dolores de muñeca tras rellenar a mano, y con buena letra los expedientes, por si nos los pedían cuando nos realizara la inspección.
- Recuerdo conversar hasta la extenuación con mis queridas Olga y Eva sobre la necesidad de aplicar los procedimientos de diagnostico en psicología clínica en el ámbito de la orientación profesional. Defendíamos que además del curriculum y la entrevista era necesario intervenir sobre otras “variables”.
- Recuerdo como nos quejábamos del corsé rígido que suponían las distintas acciones del programa OPEA .
- Recuerdo la desconexión absoluta entre los servicios de orientación y el resto de los agentes implicados en la gestión de políticas activas de empleo.
- Recuerdo lo complejo que era encontrar cualquier tipo de información.
- Recuerdo cuando hacíamos recortables con tijeras y pegamento en barra para elaborar los dossieres de prensa.
- Recuerdo como echaba en falta recursos para colectivos específicos.
- Me recuerdo diciendo “si pudiera trabajar con la persona en terreno, fuera del despacho”.
- Recuerdo que no recuerdo nada que tenga que ver con la intermediación desde los Servicios Públicos de Empleo.
- Recuerdo que el periodo de ejecución de los programas de orientación era en ocasiones solo de cinco o seis meses.
- Recuerdo que solo éramos siete las entidades que prestaban el servicio de orientación.
- Recuerdo que por esos tiempos era impensable que el personal técnico de orientación pudiéramos desarrollar ningún tipo de interlocución con las oficinas de empleo.
Al final todo esto me lleva, de forma irremediable a darme cuenta de las condiciones en las que actualmente desarrollo mi labor:
- Gran parte de las personas que atiendo tiene una idea aproximada de las características del servicio que puede recibir de mí.
- Desarrollo mi labor partiendo de un marco teórico definido y compartido, mis queridas variables de empleabilidad.
- Tengo acceso a los datos que el Servicio Público de empleo autonómico posee de las personas demandantes de empleo.
- Tengo a mi disposición herramientas para conocer el mercado de trabajo a un solo clic.
- Existe un procedimiento de coordinación con las oficinas de empleo, con particularidades, pero existe.
- El personal técnico de orientación asigna recursos del Servicio Andaluz de Empleo en base a su criterio técnico.
- Existe una tradición de colaboración con compañeros y compañeras de la Red.
- Se desarrollan acciones formativas dirigidas específicamente al personal técnico de orientación.
Cuando empiezo a sentirme mas animado con estas conclusiones, comienzan a venir a mi mente situaciones concretas vividas en las tres últimas semanas:
- El sincero agradecimiento que Elvira me expresó a través de su abrazo, por como la había atendido, mientras me comentaba que el próximo miércoles comenzaba a trabajar.
- Como Juan Antonio, después de dos tutorías muy tensas me dijo “al final vas a tener razón, tengo que plantearme las cosas de otra manera, el trabajo no va a venir a mi puerta”.
- El cambio de actitud de Josefina desde que llego a la unidad de orientación la primera vez.
- Como Fran me transmitió tras terminar la tutoría, “venia muy desanimado, pero hablar contigo me ha hecho tener ganas de seguir buscando” mientras veía en sus ojos un atisbo de esperanza.
- La sonrisa de satisfacción con la que salí de trabajar hace dos jueves, embriagado de la sensación de haber realizado un buen trabajo, pese haber tenido un “día de perros”.
Un poco agotado de tanto pensar, cierro el análisis con algunas ideas bastante claras:
- La utilidad social de la orientación profesional.
- El reconocimiento institucional y social que ha ganado esta profesión.
- El importante avance en cuanto a medios y herramientas.
Todavía quedan muchas barreras que superar, aspectos que mejorar y avances por acometer, que en su gran mayoría no dependen de los orientadores y las orientadoras pero que afectan directamente a las condiciones en las que trabajamos, pero merece la pena el continuar trabajando por y para esta profesión.
Con reservas pero con ilusión, mañana lunes, voy a volver a darle una oportunidad a una de las pasiones de mi vida, la orientación profesional.